viernes, 25 de diciembre de 2009

En la orilla, día décimo tercero


"Cuando al fin hayas llegado al océano de la felicidad, no te vuelvas sediento" esta frase fue escrita en 1913 por un gran maestro hindú de la literatura, R. Tagore.

El contorno de los días que van pasando es el mismo que el de hace un siglo, son las mismas esencias del ser humano, los mismos pecados y ambiciones, incluso a veces los mismos dioses.

Desconozco si desde mi orilla se alcanza a dicho océano, pero sé de mi sed, de mas de cien estómagos y mil cántaros que han de ser llenados apenas llegue, y sé, mas por derrotado que por sabio que seguiré bebiendo del mismo modo que bebí de la felicidad de otros.

Sacaré de de este mar infinito la miel que me embriague y lo haré como quien recibe a un recién nacido, con cuidado, con calma y esperando el llanto de la nueva vida. No beberé despacio porque solo mi latido sirve cuando bebo de estas aguas.

No se dónde estarás entonces, en que orilla te detendrás pero deseo tanto que sea en una de este mismo océano, y deseo que tu sed sea saciada con la delicadeza de la cordura, que un hilo del líquido de la felicidad baje por tu garganta cada segundo, hasta un día en el que te falte el aire de las palabras para decirle a la vida como la disfrutaste, que el recuerdo de otros fuera el de tu pecho sacudido por las risas de tus hechos.

Hoy te leí maestro hindú, con los labios secos y agrietados mientras pruebo desde mi orilla solo el agua salada, pero sé que no seré como tú, ni tu consejo me calmará.

Mi sed se hizo tan grande que será mi ahogo la esperanza de encontrar ese océano haya donde esté.

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