sábado, 19 de diciembre de 2009

En la orilla, día décimo segundo




Esta noche aulló en vi ventana el viento como un perro perdido, sin entregarme las llaves de mi sueño, sin dejarme ver entre mis sábanas un centímetro de tu piel para desde el buscarte entera.

Esta noche el silencio beso mis labios y lo hizo con tanta pasión que no le escuché llegar, que mientras yo febril dedicaba mi tiempo a buscar un final para tus miedos, el mío se acercaba lento y acechante.

Esta noche la bestia que mas temía me arrancó parte de ti, en su aliento se llevaba tu nombre, así me dejó temblando, solo, solo, solo.

Ahora cada noche volverá una vez que ha probado el sabor de lo que siempre guardé para tí, y lo irá devorando, ira deshaciendo entre sus dientes lo que nunca pude darte y nada podrá evitarlo.

Esta noche mis manos tiemblan incapaces de sujetarte, incapaces de defenderme, lamentando lo que hoy deja el ayer, me consumo.

Abrazo al aire vacío, y te recuerdo, mañana volveré a recordarte, pero después ya solo seré feliz de haberte podido amar, aunque te olvide.

Hoy en la orilla empiezo a notar el paso de los días, del tiempo, a veces creo ver el camino que me sacará de aquí, pero rápidamente desaparece y se nuestra otro, y después otro. Me renuevo, siempre lo dije, vaciarse era fácil pero lo de volver a ser es mas difícil.

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