domingo, 29 de noviembre de 2009

En la orilla, tercer día


Sigo consumiendo mi esencia cada segundo, sigo con la mirada envuelta de oscuridad buscando esa señal, ese punto de inflexión, ese rebote hacia la luz, donde el júbilo me aplauda por haber llegado a ti.
Si alguien tuvo la paciencia de leer este ignorado blog, habrá notado las pautas de la melancolía, de la amargura y la desazón. Cuando hay que elevarse tanto hasta verlo todo desde el cielo con la alegría de ser uno mismo, rodeado de palmas abiertas de conocidos comunes, antes hay que haber llegado a vivir en el averno para apreciar la frescura de cada día, la frescura de tu rostro grabado en mis pensamientos, que hace que exhale en el calor tu aroma vaporoso.

Y aunque esto no lo escribo para ser leído, sino para vaciarme, puede que alguien descubra en estas líneas el bello y tortuoso camino de mudarse el alma.

Hoy me amo, como me han amado, mañana desearé celebrarlo, o quizás decida ignorar ese amor y preparar con delicadeza mi cubil y ser olvidado.

Esta mañana alguien pasó a mi lado, anónimo, y le desgarro la ausencia de saludo, y farfullando ella mientras su perro la llevaba, dejo las escaleras y se marchó dolida e ignorada. En mi proceso de cambio, de deshacerme, no debo ni por poco dañar a nadie. Por anécdota que fuese, es un aviso y así lo veo.

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