
Ayer derroté un gigante al que temía desde hace tiempo, y fue solo con mis manos desnudas.
He consumido escenas de mi vida mientras los recuerdos me golpean, he dormido en cruces de caminos donde el destino no era nadie, he sido el que contempla mientras las heridas no eran mías.
Pero ayer, me llené de toda mi vida venidera por un instante y maté un gigante.
Y donde se junta el alba se ve una sonrisa perseguida por las aves viajeras, mientras respiro el frío y la escarcha cubre mis zapatos, mientras duermo de nuevo mi corazón de instantes valientes.
Tanto recorrido con lastres que quebraban mis rodillas, con oraciones a ninguno llenando de lamentos mis labios, y después de todo siempre fui el dueño de la victoria, lo que me mantuvo retraído ya solo es una parte de mi desechada, un quiste extirpado que me tuvo acostumbrado.
Ayer derroté un gigante, y después fui a mi casa a hacer lo que siempre hice, pero con el alma brillante y un nuevo libro que escribir.



